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Trastornos de ansiedad en la infancia o adolescencia

¿Tiene mi hijo un problema de ansiedad?

El miedo es una emoción normal para el ser humano y especialmente, en los niños ya que se encuentran en un periodo de crecimiento y aprendizaje continuo. Así pues, se considera completamente normal que un niño tenga miedo a determinadas situaciones y objetos. Por ejemplo, es habitual que a un niño de 2 años le de miedo un payaso, o que a un niño de 5 años le de miedo la oscuridad, en estos casos hablamos de "miedos evolutivos", es más, la presencia de esos miedos forma parte del desarrollo y aprendizaje del niño. De hecho, estos miedos suelen ser pasajeros, es decir, van a ir desapareciendo conforme el niño va creciendo.

En ocasiones, los niños responden de forma desproporcionada ante determinadas situaciones que les generan miedo, y sin embargo, no existe una amenaza real para tenerle miedo. Esto puede llevar al niño a evitar estas situaciones y cogerles cada vez más miedo. Si este miedo irracional persiste en el tiempo e interfiere en su vida diaria, fundamentalmente, evitando dichas situaciones, es posible que estemos ante una fobia. Las fobias se distinguirían de los miedos habituales tanto por su intensidad, que es desproporcionada a la situación, como por su naturaleza, que es desadaptativa.

Existen distintos tipos de fobias específicas, como por ejemplo:

•  fobia a la oscuridad : el niño manifiesta una fuerte ansiedad antes de irse a la cama, apagar la luz, quedarse sólo, etc.

•  fobia a los perros: el niño evita ir a lugares donde pueda haber perros o cualquier cosa relacionada con ellos.

•  fobia escolar: el rechazo prolongado que un niño experimenta a acudir a la escuela por algún tipo de miedo relacionado con la situación escolar. Algunos de los factores desencadenantes o mantenedores son: miedo a algún profesor, bajo rendimiento escolar, problemas en las relaciones con los compañeros, problemas por la apariencia o defectos físicos.

•  fobia social: marcado y persistente miedo del niño a relacionarse en situaciones sociales o a interactuar o bien con gente desconocida o con sus compañeros. El niño puede reaccionar ante estas situaciones llorando, con rabietas, quedándose paralizado, o simplemente, evitando las situaciones sociales.

La ansiedad se puede definir como el conjunto de reacciones fisiológicas, sentimientos subjetivos de malestar, y en muchas ocasiones, comportamientos de evitación que tienen lugar sin una amenaza externa clara o acontecimientos claros que la precipiten. En los niños, estas sensaciones pueden hacerse perceptibles para los adultos cuando los ven irritables, tensos, lloran con más frecuencia. Con respecto a los problemas de ansiedad en la infancia se distinguen fundamentalmente dos tipos: ansiedad de separación y ansiedad excesiva o generalizada.

La característica principal del trastorno por ansiedad de separación consiste en una ansiedad excesiva, que está relacionada con la separación de las personas a las que se encuentra afectivamente ligado (padres o cuidadores). Dicha ansiedad empieza antes de los 18 años y los síntomas causan un malestar o deterioro significativo en el área social, académica u otras áreas importantes del funcionamiento. El niño manifiesta un malestar excesivo cuando tiene lugar o se anticipa la separación de las principales figuras de apego, existe una preocupación excesiva y persistente a perder a dichas personas, estos niños frecuentemente presentan pesadillas sobre el tema de separación y suelen quejarse de síntomas físicos (dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas, vómitos) que se presentan normalmente cuando sucede la separación de las figuras de apego.

Respecto a la ansiedad generalizada en la infancia se observan las siguientes manifestaciones: el niño se muestra inquieto o sensación de tener los nervios de punta (diferente a un niño con problemas de hiperactividad), tiende a fatigarse fácilmente, tiene dificultad para mantener la concentración, irritabilidad, tensión muscular, perturbación en el sueño.

Por otro lado, los hábitos nerviosos (tics) también son frecuentes en la infancia. Pero, ¿que son los tics? Son movimientos involuntarios rápidos y repetitivos de grupos musculares que representan descargas de la tensión del estado físico y emocional del niño y que carecen de utilidad aparente. La edad de aparición más frecuente es entre 6 y 10 años. En los momentos donde el niño se siente más nervioso, suele aparecer y en aquellos momentos donde el niño se siente más tranquilo, dichos tics desaparecen. Los lugares más frecuentes donde el niño tiene tics suelen ser en la cara, el cuello, hombros y manos.

Cuando un niño pequeño presenta tics, es importante realizar una evaluación tanto del niño y de su momento actual, como del ambiente familiar. En ocasiones encontramos ambientes familiares con cierta tensión u otros problemas familiares que repercuten directamente en la salud del niño.

Puede que estés leyendo estas líneas porque hayas observado alguno de los síntomas en tu hijo. Si tienes dudas, pide ayuda a un profesional que pueda valorar.

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